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El Dibujante Contemplativo

Actualizado: 26 jun 2023


“Debe hacer callar en él todas las voces

de los prejuicios, olvidar, olvidar, hacer el silencio,

ser un eco perfecto. Entonces se inscribirá

todo el paisaje en su placa sensible”


Paul Cézanne.



Dibujar puede ser una forma de mirar contemplativamente el mundo, en el acto de la observación consciente, el sujeto dibujante se debería fundir con el objeto observado. Dibujar algo (lo que sea) de manera exhaustiva, buscando su comprensión lógica, su explicación mecánica o función utilitaria, no significa representarlo por completo, ya que esto se acerca más al campo de la explicación teórica y se aleja de la observación contemplativa. Dibujar por lo tanto un objeto detalladamente en busca de una función, significaría querer apoderarse de este, querer conquistarlo con nuestros prejuicios cognitivos y adaptarlo a nuestro mundo, a nuestro propio yo. Así el acto de dibujar terminará por convertirse en una lucha con el objeto-sujeto, en un enfrentamiento por la conquista, donde luego alguno de los dos podría salir herido.


En la filosofía Zen hay un breve pasaje de El Shōbōgenzō de Eihei Dōgennos que describe la contemplación en la naturaleza:


“El hombre iluminado es como la luna, que se refleja en el agua: La luna no se moja, y el agua no es perturbada. Aunque la luz de la luna es ancha y grande, vive en una pequeña porción de agua. La luna entera y el cielo entero habitan en una gota de rocío de un tallo de hierba, en una sola gota de agua. La iluminación no rompe el particular, lo mismo que la luna no perturba el estado de iluminación. De igual manera que una gota de rocío no molesta al cielo y la luna.”


Así, en el verdadero sentido de la contemplación, dibujar significaría poder hundirse en lo otro apartando la mirada de uno mismo. El que contempla no tiene el objeto referente frente a él como un objetivo a conquistar. Más bien, el dibujante se funde con el objeto y en este sentido, la forma aparente deja de ser los más importante. Al igual que en la poesía donde el lenguaje se pone en modo contemplativo, en el dibujo el ojo se pone en modo meditativo, guardando silencio para escuchar y prestar atención, alejándonos de la aprobación ruidosa del yo, para atender el brillo de las cosas que aparece. El propósito es por lo tanto convertirse en igual frente a el otro/objeto, el yo se suprime en aquel objeto y no hay ninguna diferencia en mí yo y lo otro. De esta manera el dibujo suele llegar a buen puerto cuando quien observa se vuelve nadie. Para el dibujante contemplativo, dibujar no se trata de tener algo que decir, sino de querer escuchar.



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